Dibujo absoluto

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jueves, 24 de julio de 2014

Junín. Novela por entregas (Cuarta parte)


¿No sienten a veces la presencia de transparencias ¿Cómo decirlo? ¿De movimientos en la quietud?  ¿De silencio habitado? ¿Cómo decirlo? De intensidad donde las cosas eran opacas. A ver ¿Cómo decirlo? La presencia de concentración donde antes era dispersión ¿Cómo decirlo? No está claro cómo se siente así que no está claro como se dice. A ver, de algo que es más que nosotros, pero es nosotros, no se llega a sentir pero está, así que no se llega a dejar de sentir. Algo así. En eso estaba pensando, mirando a la cosa ahí en la puerta del club Junín, cuando me fui, sin rumbo, caminando, por la calle frontal del club Junín llegue hasta la avenida Arias. Arias es una de las avenidas de Junín. No sé si las avenidas en esta ciudad están ordenadas como las de capital o La Plata, una cada tantas, con una lógica determinadas. Arias es una avenida central. Tiene dos nombres; Arias o Benito de Miguel, atraviesa la ciudad al medio, cruza varios barrios, todos distintos, llega hasta la Ruta 7, ya transformada en Benito de Miguel, y al principio cruza la cancha del Club Sarmiento. Escuelas primerias, secundarias importantes de la ciudad están a la vera de Arias, y cuando sale de la Ruta 7, del otro lado, sigue en la otra parte de Junín. Junín sigue después de la ruta en otros barrios y otras partes de la ciudad, no lo parece porque para los juninenses la ciudad termina en un lugar cercano al centro. Pero la realidad es la realidad y hay más de lo que alcanzamos a considerar. Junín se derrama en sus barrios laterales que bordean y alargan la ciudad. Arias no tiene arboles, pero todas las calles laterales tienen esos grandes árboles, a razón de cinco por cuadra más o menos, que crecen con sus ramas largas que parecen pequeños troncos dentro del árbol para arriba, y partir de los vientos de agosto largan unas bolitas que produce una pelusa que a los juninenses les da todo tipo de alergias. Por eso no son tan populares. Pero en realidad el árbol es un pulmón en la puerta de tu casa, respira a la noche y te da vida. Nosotros respiramos el árbol y el árbol nos respira a nosotros. Son seis, siete ocho metros, de un sistema de vida, parte de la tierra porque está unido a la tierra más que nosotros, sigue por debajo donde no lo vemos también cinco o seis metros. Es el ser que nos cuida en la puerta
Pensando esto y mirando los arboles laterales que se extienden por hileras por las calles de los costados de Arias llegue a Arias y Roque Sáenz Peña. A las siete de la tarde no había nadie en la calle, eso era aún más raro
Atrás mío venia siguiéndome la cosa. La cosa tenía 6 mil bacterias en cada centímetro cuadrado de su piel, los músculos de sus ojos de se movían 200 mil veces al día. La cosa era veloz, estaba formada por impulsos nerviosos que viajaban a 300km por hora. Era compleja, cada paso con el que me seguía le costaba mover 200 músculos. Producía un litro y medio de saliva por día, un bidón de gaseosa mediano. Tenía un sistema circulatoria que media 100 mil kilómetros, la cosa sin estar comprimida era extensísima (necesitaba estar comprimida para pode vivir) me estaban siguiendo 100 mil kilómetros de sistemas circulatorios
Esa cosa que me estaba siguiendo,  y era una persona, un juninense, como cualquiera de ellos, de cualquier rincón de la ciudad. Pero recién ahora lo podía ver así.
Y cuando se detuvo vi más que eso



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