Dibujo absoluto

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miércoles, 30 de julio de 2014

Junín. Novela por entregas (Quinta parte)


Por Roque Sáenz Peña me dirigí a la Avenida San Martín, la ciudad estaba vacía, como si la hubiesen evacuado. Una sola vez sentí esa sensación, la intensidad del silencio de la ausencia: Cuando Argentina jugó la semifinal contra Holanda y la elimino por penales. Durante los penales salí a la calle, caminé con cada penal que se iba pateando una cuadra, un penal entra en una cuadra, y era la ciudad mas deshabitada que había, salvo en las esquinas, que o Argentina metía un penal o Holanda lo erraba, y los gritos llegaban de todos lados, como si estuviesen estado escondidos. Ahora estaba parecida. Si uno se paraba en el medio de las calles y miraba a las calles laterales hasta que llegaban a República o del otro lado se iban hacia Respuela, las calles estaban limpias, eran muchas más. El vacío aumenta la vista. Y eran como venas para ambos lados, pero lo que uno descubría era el espacio en la ciudad, en el silencio y lo soledad aparecía el espacio. Y hacia arriba cada calle terminaba en arcos que cerraban el espacio, formados por los arboles. Las calles parecían túneles de arboles y cementos como otros seres enormes, reposando, y dejándonos caminarlos.
En Sarmiento casi Avenida San Martín apareció la primavera. Es extraño como la primavera se aparece en una intersección, pero en realidad pasa que en cualquier momento se abre una ventana y uno ve el mundo. Esas ventanas se abren en cualquier lado y son una bendición que aparezcan. Los arboles empezaban a terminar las ramas en pequeños brotes, les aparecían como unas verrugas de madera que eran los brotes de las hojas que iban a empezar a venir, a los árboles les venían terminaciones. Porque a estos árboles juninenses no les venía la primavera de golpe, les iba apareciendo. 
 Me acordé del árbol de la puerta de mi casa calle Italia, visto hacia arriba con las ramas naciendo de los troncos y pequeñas ramas naciendo de esas ramas, antes de los primeros brotes, parecían como telarañas de ramas a medio terminar, y visto de lejos era un caos visual de arboles, ramas y miradas. En la avenida San Martín casi Italia, en un tapial, vi un gato negro, sentado, reposando, indiferente. Me di cuenta que la ciudad tiene una maravilla a cada paso que queramos mirar. Junín está llena de gatos que controlan las alturas de las construcciones. Tienen una relación de indiferencia con los juninenses, no los atacan ni les temen, pero les huyen. Y se pueden bastante seguido en las partes altas de las construcciones, con su calma tensa, controlando el espacio, acumulando tensión que en algún momento puede explotar, o fabricando tranquilidad que le sirve para seguir manteniendo esa quietud en movimiento. Los animales en Junín son espaciales, se ubican por espacios ordenados, los gatos controlan las alturas de las construcciones, los perros los pisos, y los pájaros los aires y los arboles. Las personas habitan en las ficciones, salvo que en algunos momentos puedan también estar en los sitios

Una lechuza me bendijo desde un monumento de la avenida San Martín. Es bueno para uno cuando aparece algo en un lugar que no le corresponde en nuestra mente, porque te corre de ahí, te confunde, es un clic que nos permite ver la realidad
Pero fuera de eso, lo que me demostró eso es que las cosas en este lugar se habían corrido de su sitio, las personas ya no estaban donde estaban las personas, ni los animales donde estaban ellos, ni el viento donde tenía que estar. O quizás todo eso, y me lo estaba preguntando cada vez con más fuerza, estaba pasando solamente en mi mente

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